¿Algo más que vestir bien? El rol de la primera dama

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Si uno escribe en Google el nombre de la primera dama Juliana Awada, los principales resultados se refieren a su estilo a la hora de vestir. Se habla de cómo “impactó con su look” en algún evento oficial, o de qué ropa llevó a la gira por Rusia. Se la compara con Melania Trump o con la ex presidenta Cristina Kirchner, y se hacen entrevistas a los diseñadores que la visten. Parece que para los medios de comunicación locales no importa mucho cuál es su rol como primera dama mientras su estilo sea el adecuado, mientras sea “elegante”.

Durante la gira presidencial que Mauricio Macri hizo por Rusia, la mayor parte de los medios nacionales hicieron foco en la ropa elegida por Awada para acompañarlo. Los portales se poblaron de artículos sobre el sombrero típico de Rusia que eligió para la visita oficial, comparaciones con el que usó Cristina Kirchner cuando estuvo allá, y el armado de su guardarropas para la visita.

Algo curioso ocurrió con el rol de la primera dama peruana entre 2011 y 2016. En 2014, el entonces presidente Ollanta Humala se vio forzado a cambiar su equipo de ministros debido a la dimisión del jefe de Gabinete, César Villanueva, quien renunció luego de ser desautorizado por Nadine Heredia, la esposa del Presidente. Este hecho generó un cimbronazo en el clima político peruano, poniendo en cuestión el rol del presidente y el desmedido lugar que le otorgaba a su esposa en el escenario político. Pero Heredia no era solo una primera dama con función decorativa: fundó junto a su esposo el Partido Nacionalista Peruano, del que fue presidenta, y gracias a su popularidad como líder política, comenzaron a llamarla la “copresidenta” o la “generala”. Sin embargo, los medios de comunicación publicaban notas enteras sobre la ropa que usaba, si determinado conjunto la favorecía, si su peinado era el adecuado, si estaba a la altura de otras mujeres relacionadas al poder, como Letizia de España.

El ex presidente ecuatoriano, Rafael Correa, suprimió el cargo de primera dama por considerarlo sexista e ilegítimo al no haber sido elegida por el pueblo como tal,? y en su informe de rendición de cuentas de 2007 declaró: Ustedes saben que en nuestro país ya no hay primera dama. ¿Qué es esto de ser primera dama? Si por ser esposa de alguien, significa que ya hay primera, segunda, tercera y cuarta dama. Todas las damas de mi país, son primeras damas. Aquello era sexista.

Lo paradójico del vínculo entre Awada y los medios es que su rol como primera dama argentina pareciera tener que ver con la imagen, y que el tratamiento sesgado que le brindan  a su figura parece no molestarle. En abril del año pasado fue la comidilla de los medios y las redes sociales cuando en un encuentro con Donald y Melania Trump lució un vestido de Ginebra, la marca de Micaela Tinelli, que era una copia exacta de un vestido diseñado por Carolina Herrera. Si la función de la primera dama incluye dar a conocer al mundo la propuesta nacional en materia de diseño de indumentaria, como ella misma expresó, elegir la firma de la hija de uno de los magnates de la televisión nacional no parece haber sido la idea más afortunada. Después de ese paso en falso modificó la estrategia. En sus giras internacionales comenzó a utilizar diseños de Marcelo Giacobbe, Gabriel Lage y Amelia Saban (diseñadora de Ménage à Trois) que, aseguran todos, devuelve ni bien regresa al país. Los diseñadores afirman que la demanda de sus conjuntos aumenta después de que Awada los luce, pero no se puede dejar de mencionar que los vestidos no bajan de los 25 mil pesos, un precio accesible solo para unos pocos.

Este afán por mostrar diseñadores nacionales en su vestuario no es correlativo a la hora de lucir carteras y zapatos, a pesar de que nuestro país se destaca a nivel mundial por la calidad de sus cueros. En la gira reciente que la llevó por Rusia y otro países europeos lució accesorios de firmas internacionales cotizados en varios miles de dólares. Al embarcar en Ezeiza, llevaba un bolso Céline valuados en 2250 dólares; en Moscú usó un modelo clásico de Yves Saint Laurent que cuesta 2890 dólares; en Davos usó el modelo Trio Bag de Céline en color rojo y zapatos al tono de la firma italiana Casadei, valuados en 1100 dólares y 645 euros, respectivamente; en París asistió a la cena que brindó el presidente Macron con una cartera Chanel 2.55, ¿su valor? alrededor de 4800 dólares.

Si la primera dama tiene la responsabilidad de lucir, especialmente en sus viajes al exterior, de una manera representativa de las mujeres de su país, la cotización de algunas de las prendas y accesorios que suele llevar Awada estarían bastante alejados.
Al parecer, a los medios de comunicación eso les resulta un tema de interés solo cuando la dama en cuestión dice defender a los más humildes, como le ocurrió hace varias décadas con Eva Perón. El lema sería: si de cuna de oro proviene, derecho a carteras Chanel se tiene.